FMLN: Barco a la deriva
Blog El Trompudo. Me resulta realmente difícil entender qué ha querido decir el diputado y vocero del FMLN , Sigfrido Reyes, al afirmar que el presidente Funes “sigue siendo del FMLN”. Aquí mismo he dicho que, al parecer, Funes no ha enviado su carta de renuncia de membresía al partido que lo llevó a la presidencia.
No obstante, sus declaraciones y actitudes han sido claras: ha dicho que no es el presidente de un partido político y ha declarado también que ha buscado a los partidos de derecha para que le ayuden a que no se supere las observaciones que le hizo al decreto que lo mantuvo en litigio con el FMLN. Dijo claramente que no había sido víctima de presiones de parte de la derecha, que fue él quien los buscó y, al mismo tiempo, acusó a los diputados efemelenistas de chantajearlo con el voto de los préstamos para que accediera a su demanda de poder elegir la terna para el RNPN.
Ahora, el presidente crea y dirige un organismo político, un movimiento que puede entrar en alianzas con otros partidos. El presidente dejó abierta la posibilidad que su movimiento pueda aliarse con los partidos de derecha. Es decir, no tiene ninguna preferencias; las alianzas que pueda concluir no dependen de principios, sino que de las próximas coyunturas electorales. Esto ha quedado dicho, esta declaración es un acto político. La creación de ese movimiento no es un antojo ni el ejercicio simple de un derecho, ni la opción de su libertad como individuo o ciudadano, sino la concreción de una visión estratégica para mantenerse en las esferas del poder, sin necesitar ahora que lo apadrine el FMLN.
Por supuesto que esto no es aún una ruptura. El presidente Funes sabe perfectamente que al tomar la iniciativa de romper definitivamente con el FMLN, perdería la fachada de izquierda con la que puede, por el momento, presumir, tanto nacional como internacionalmente. Tener como aliado al FMLN, todavía es una carta ante la derecha nacional y es todavía una tarjeta de visita presentable internacionalmente. Aunque ya en el extranjero, muchos se cuestionan sobre su política internacional, sobre todo en el caso Honduras. Seguir gozando del apoyo del FMLN le garantiza, también, cierto apoyo popular. Sin embargo, sabe que lo está perdiendo, que su popularidad se está erosionando.
Es por lo mismo que cuando declara que buscó apoyo de los partidos de derecha, agrega, apresurado, que "eso no significa aliarse con la derecha". Estas declaraciones a las que me estoy refiriendo, aparecieron en el Co-Latino, el 30/04/2010. El presidente Funes está convencido que todos somos "atarantados", como los de la cúpula del FMLN.
Los dirigentes del FMLN entraron a bailar al terreno político burgués, pero no conocen ni los pasos, ni la música. Pero, lo peor de todo es que al entrar al baile, dejaron afuera los principios que les valió el apoyo popular. Pensaron que ya dominaban las intrigas parlamentarias, que conocían al dedillo el lenguaje de las encerronas, de los pactos. Pero, en el panorama nacional, el FMLN no puede conseguir aliados organizados en partidos, afuera del pequeño partido de Dada Herezi. Sin embargo, Hirezi está ahora más cercano a Funes que a su aliado FMLN. Tal cual es el panorama político salvadoreño. El FMLN está obligado a fortalecerse, a reunir a todas las fuerzas que se consideren de izquierda.
Al abandonar de hecho sus principios, y con ellos la lucha ideológica por conquistar las conciencias a las transformaciones necesarias que nos lleven a otro tipo de sociedad, los dirigentes efemelenistas perdieron también la capacidad de analizar la realidad concreta. La dirigencia del FMLN anda a la deriva y corre el riesgo de llevar al partido a un naufragio catastrófico. En estos momentos ese es el peligro mayor que se presenta ante nosotros. Es esto también lo que está en juego. Mauricio Funes lo sabe perfectamente. Es más, posiblemente sea también lo que puso en el tapete en sus negociaciones en Washington cuando negoció la neutralidad estadounidense en el proceso electoral.
He dicho que la desaparición del FMLN, que su naufragio es el mayor peligro que se presenta ante nosotros. Por el momento, en El Salvador no existe otra fuerza que pueda suplantar al FMLN, que acoja todo el apoyo popular acumulado durante los años de la guerra, el prestigio que logró obtener al ser el garante de mantener viva las aspiraciones populares por otras condiciones de vida. Es todo esto que lo ha mantenido creciendo hasta las últimas elecciones, es ese bagaje histórico que puede perderse. Son todos estos recursos los que sirvieron para llevar a Mauricio Funes a la presidencia. Pues por mucho que quieran engañarse los “Amigos de Funes”, el grueso del voto vino del FMLN. Sin el partido, Funes nunca hubiera salido de la televisión.
Tanto el equipo de Funes, como la cúpula del FMLN, piensan que el primero que rompa la tácita alianza, saldrá perdiendo, pues aparecerá como el responsable del fracaso de la gestión gubernamental. Funes necesita que sea el Frente el primero que rompa, para justificar su abierta alianza con la derecha. El FMLN espera que Funes rompa, que destituya a los ministros, que entregue su renuncia oficial. En este juego es el más taimado el que tiene todas las de ganar. Los del Frente, al parecer, no han aprendido mucho durante estos años de practicar la política parlamentaria y electorera.
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No obstante, estas consideraciones de quién va a romper primero, son compatibles con el modo de funcionar burgués, con el modo burgués de concebir la política. Pero es incompatible con un partido revolucionario, aunque participe en las contiendas electorales. El partido revolucionario tiene que analizar la realidad con lucidez y rigor y dirigirse con honradez al pueblo. Es decir, el FMLN tiene que preguntarse cuál es su objetivo global, qué fines persigue. Esos fines los puede obtener realmente si sigue en un ambiguo teje y maneje con el grupo que rodea a Funes y el mismo Funes. Vale la pena arriesgar toda la herencia pasada por algunas migajas “sociales” que pueda otorgarle Mauricio Funes al pueblo?
Ya ha pasado un año, no pueden seguir afirmando que hay sectores que marchan bien y otros menos, y que el balance, hasta ahora, es positivo. No es ese el sentimiento que manifiesta la gente. No son las medidas tomadas las que marcan realmente un cambio en el rumbo político del gobierno. No hay nada realmente que indique que la dominación del capital se ha debilitado o se le ha dado mayor fuerza a los trabajadores para que puedan luchar por sus intereses en mejores condiciones. Eso se pudo hacer en un año. Medidas como el aumento sustantivo del salario mínimo, la refundación de un Código del Trabajo que limite el despotismo patronal en las empresas...bueno, no voy a ponerme a enumerar las cosas que se pudieron realizar sin mucho gasto, sin coste alguno para el gobierno.
Y para aquellos que piensan que estamos pidiendo que todo cambie de la noche a la mañana, que lean atentamente lo escrito. No se trata de eso, ni nadie lo pide. Pero el continuismo instaurado por Funes es patente. Y es eso lo que no puedo dejar de combatir y el FMLN ha entrado en complicidad con esta política.
Repetí en mis artículos, durante la campaña, que no existen “hombres providenciales”, que el portador del cambio es el pueblo consciente, activo; que sólamente la participación activa y consciente del pueblo puede traer las transformaciones que necesitamos. Esto sigue siendo cierto hoy.
El FMLN está obligado a aportar las respuestas a todas las interrogantes populares. La dirección del Frente tiene la responsabilidad ante el pueblo salvadoreño de preservar el útil, el instrumento de sus luchas. Pero hemos entrado en un momento en que realmente se hace urgente pensar en la necesidad de crear otro partido, otro instrumento de lucha popular. Por el momento la cúpula del FMLN tiene la palabra. La alternativa es muy simple: o vuelven a los principios revolucionarios o se van. El pueblo necesita claridad. Y si le echan a pique su instrumento de lucha, sabrá también nombrar a los responsables. Cabe subrayar que la historia no se acaba, tampoco, con el fin de un partido o con su decadencia.



